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Cada persona nace para traer a este mundo un don, único e
irrepetible, que posibilita que el mundo sea mejor.
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Cada ser debe descubrir cuál es su don para brindar a los demás
sus posibilidades.
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Los beneficios del don se manifiestan en la comunidad en la que
vive. No puede expandirse si no está en contacto con otras personas a las que
enriquecer. Esto es lo que da sentido a la existencia de cada persona.
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Cuando alguien se retira y aisla del grupo, es porque no ha
encontrado su don y su misión en el mundo. La comunidad entonces no le deja
aislarse, sino que es cuando más buscan un acercamiento para lograr que
descubra la divinidad que hay en él.
CAMBIANDO EL PENSAMIENTO MODIFICAMOS
NUESTROS GENES
Si nos mantenemos firmes con una
emoción, actitud o tipo de pensamiento, durante largo tiempo, lo que estamos
haciendo es reforzar los receptores de esas células hacia la recepción de un
tipo de química.
Esto provocará que, cuando se divida la
célula, la nueva tendrá más receptores químicos del tipo de emoción a la que
estamos anclados. O sea, receptores especializados en los neuropéptidos que
están recibiendo constantemente. Y tendrán menos receptores para las vitaminas,
minerales, nutrientes, intercambio de fluidos y la eliminación de desechos y
toxinas.
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